Beneficios de la siesta
Ya se decía en El Quijote (capítulo XV): “vinieron a parar a un prado lleno de fresca hierba, junto al que corría un arroyo apacible y fresco, tanto que convidó y forzó a pasar allí las horas de la siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar”. Y es que este reparador hábito, atribuido históricamente a los españoles, está unido a las horas posteriores al almuerzo. Tras un día de arduo trabajo y una comida copiosa, quién no se echaría una siesta.