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18/01/2016

Pesadillas y terrores nocturnos

Seguro que la gran mayoría de nosotros hemos sufrido alguna vez una pesadilla o terror nocturno durante el sueño. Como veremos a continuación, ambos son diferentes. Éstos son considerados trastornos menores del sueño, debido a que en la gran mayoría de los casos no son tan incapacitantes como otros trastornos del sueño.
Pesadillas y terrores nocturnos

Las pesadillas se definen como un despertar brusco durante el sueño paradójico (etapa del sueño en la que el cuerpo está muy relajado y el cerebro muy activo), debido a un sueño que nos ha causado tal malestar y/o ansiedad que ha llegado a despertarnos, ya que su contenido emocional negativo es muy elevado. Por ejemplo, podemos sentir como somos perseguidos continuamente por enemigos que quieren hacernos daño y no somos capaces de escapar. Las pesadillas pueden aparecer en cualquier momento de la noche, aunque lo hacen de forma más frecuente a partir de la mitad de la noche. Durante las pesadillas nuestro cuerpo está paralizado y no podemos hacer ningún movimiento, ya que estamos en el sueño paradójico y durante éste nuestros músculos están desactivados.

Las pesadillas las sufre entre el 10 y el 50 % de los niños entre los tres y los seis años. Con el aumento de la edad éstas van disminuyendo, aunque no tienen por qué desaparecer completamente. De hecho, el 5% de la población adulta informa que tienen pesadillas al menos una vez a la semana. En los ancianos su presencia es escasa o nula, debido a que durante esta etapa de la vida se produce una reducción del sueño paradójico, y como dijimos anteriormente es durante esta etapa cuando aparecen las pesadillas.

El despertar después de una pesadilla se produce con rapidez, y en este momento se presentará un recuerdo detallado y nítido del contenido del sueño, de manera que tenemos la sensación de que era una situación real. Sin embargo, la agitación (palpitaciones, aumento de frecuencia respiratoria, sudoración, etc.) es menos marcada que en otros trastornos. Si el contenido emocional de las pesadillas es intenso y se repiten con frecuencia pueden llegar a tener un efecto negativo en el día a día de la persona que las padece. El niño puede tener miedo al irse a dormir o, si son muy frecuentes,  interrumpir de forma repetida el sueño durante la noche provocando una mala calidad de sueño.

En el tratamiento de este problema, se utilizan técnicas de relajación, en las que se aprende a estar relajado mientras se detalla el contenido de la pesadilla. Otra técnica importante en este ámbito es la técnica de modificación del contenido del sueño, que convierte la pesadilla en un cuento, detallando un final diferente que no sea ansioso para la persona que la sufre. Suele ser fácil de tratar, por lo que deberán remitir en un corto periodo de tiempo. Es importante evitar situaciones que provocan estrés en los niños, ya que éstas aumentan la frecuencia y el malestar emocional de las pesadillas. Además, los niños que las padecen deben tener una buena higiene del sueño (mantener horarios y rutinas regulares de sueño y durante el día, es decir, levantarse e irse a dormir cada día a la misma hora y realizar las mismas tareas: asearse, desayunar, ir al colegio…; realizar algún ejercicio físico suave al mediodía o por la tarde, controlar el tipo de alimentación…).

Es importante diferenciar las pesadillas de los terrores nocturnos. En contra de lo que existe como creencia popular, los sueños no aparecen sólo durante la etapa de sueño paradójico, sino que pueden aparecer en cualquier momento de la noche, incluso durante las fases de sueño tranquilo. Concretamente, los terrores nocturnos son sueños que no ocurren durante el sueño paradójico, como las pesadillas, sino que lo hacen durante el sueño tranquilo, y con mayor probabilidad en la primera mitad de la noche, aproximadamente una hora después de haberlo iniciado. No son episodios largos y se caracterizan por un miedo extremo, durante el cual la persona puede gritar de forma angustiosa, moverse, incluso levantarse de la cama súbitamente. En este caso sí se pueden llevar a cabo movimientos porque durante esta etapa del sueño el cuerpo no está inmovilizado, como ocurre durante el sueño paradójico. Entre el 3 y el 6% de los niños sufre terrores nocturnos, y tienden a desaparecer en la adolescencia. A diferencia de las pesadillas, en los terrores nocturnos normalmente no se recuerda el contenido del sueño. Con respecto a su tratamiento se recomienda seguir patrones regulares de sueño a la hora de acostarse y levantarse, dormir un número de horas suficiente y evitar situaciones que le provocan cansancio y/o nerviosismo. Durante el terror nocturno se recomienda observar al niño hasta que se calme para que no se lesione con los movimientos que realiza.

En resumen, las pesadillas y terrores nocturnos son alteraciones que se producen durante el sueño y son comunes durante la infancia, por lo que su presencia no tiene por qué alarmarnos. Normalmente el problema desaparecerá conforme el niño vaya creciendo. Aun así, si vemos que la presencia de estos puede estar afectando la vida de la persona que las padece debido a su intensidad y/o frecuencia, deberíamos acudir a un profesional. También es importante diferenciar si son pesadillas o terrores nocturnos para aplicar un tratamiento u otro.

Lo-Monaco-Gualberto-BuelaGualberto Buela Casal. Catedrático de Psicología Clínica y director del Laboratorio de sueño del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC).

 

 

Lo-Monaco-Eva-HitaEva Hita Yáñez. Doctora en el programa de Neurociencias y responsable del Laboratorio de sueño del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC)

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