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06/09/2019

Recuperar las rutinas de sueño.

El verano es para disfrutarlo y los niños sí que saben de esto. Julio y agosto son meses especiales de risas, juegos y nuevas experiencias para los más pequeños. Proporcionalmente inverso a la alegría del verano, es el tiempo que nuestros hijos pasan durmiendo.
Recuperar las rutinas de sueño.

Los horarios se trastocan, las mañanas se alargan y las noches se acortan.

Cuando queremos darnos cuenta septiembre ha llegado y con él la vuelta al cole, pero a los niños, no hay quién los acueste, ¿dónde han ido a parar las rutinas de sueño?

¿Por qué es tan importante que un niño duerma bien?

El sueño repara y regula el organismo, cuando hablamos de sueño infantil nos referimos al período diurno o nocturno durante el cual los niños duermen, asimilan y organizan lo visto y aprendido, además maduran física y psíquicamente, e inician y ejercitan su independencia del mundo exterior.  El sueño en los niños cumple una función reguladora y reparadora en el organismo.

Dormir bien favorece el crecimiento

En cualquier caso, tanto las horas de sueño de los niños como la calidad del sueño son dos conceptos fundamentales durante el crecimiento infantil. Numerosos problemas psicomotrices, emocionales y de aprendizaje se derivan de problemas de sueño.

Dormir bien es una condición inexcusable para crecer sano. Además, no hemos de olvidar que mientras los niños duermen se libera la hormona del crecimiento.

Qué no debe faltar en el sueño en los niños.

¿Cuántas horas debe dormir un niño? En primer lugar, cada niño es diferente; según los expertos en sueño infantil los niños aproximadamente tienen las siguientes

  • Un bebé recién nacido duerme unas dieciséis horas como máximo a lo largo del día.
  • Niños de uno a cinco años, el niño suele necesitar entre diez y doce horas de sueño. Normalmente, estas horas se distribuyen en diez o doce horas durante la noche y dos más a lo largo del día.
  • Después de los seis años, es aconsejable que los niños duerman unas diez horas.

En cualquier caso, la duración adecuada es aquella que permite al niño rendir plenamente en el cole y además estar feliz y tranquilo (básicamente  no percibamos en el niño síntomas de cansancio, irritabilidad o mal humor).

Por el contrario, en un hogar ruidoso o con mucha agitación durante las horas que preceden al sueño, es probable que el niño se oponga a irse a la cama a la hora prevista o que, en caso de obedecer, tarde en conciliar el sueño más tiempo del que sería esperable.

Hábito de sueño en niños: creando rutinas

Para conseguir que los niños descansen tanto como necesitan, es fundamental que sus padres sean capaces de generar la atmósfera necesaria en el hogar.

Esta fase o etapa previa al sueño requiere una serie de preparativos que constituyen sencillos remedios caseros contra el insomnio. De esta forma, podemos convencer al niño de que es hora de irse a la cama mediante pequeñas medidas como disminuir la intensidad de la luz o bajar el volumen de la tele. Se trata de crear un ambiente favorable al sueño, como si de dirigir una función teatral se tratase.

Al igual que un director escénico, hemos de buscar los elementos que nos permitan sugerir descanso, relax y silencio para que nuestro espectador infantil entienda que debe irse a la cama.

Rutinas y costumbres

Antes de ir dormir es conveniente habituar a los niños a una serie de rutinas y costumbres, que les permitan asociar rápidamente esas actividades con el momento previo al sueño. Un modelo de rutina podría ser el siguiente:

  • Avisar al niño de que ha llegado su hora de acostarse unos quince minutos antes de acostarlo.
  • Apremiarlo para que recoja sus juguetes y acostumbrarlo a ordenar su cuarto antes de irse a dormir.
  • Hacer que se lave los dientes.
  • Pedirle que se ponga el pijama.
  • Acompañarlo a la cama y contarle un cuento breve o, según la edad, hablar con él de algo que le resulte agradable y le permita conciliar el sueño.
  • Apagar la luz y mantenernos a su lado mientras que consideremos oportuno, para evitar posibles temores a la oscuridad o a quedarse solo en su cuarto.

Mimos antes de ir a dormir

Peluches, muñecos o un «pijama favorito» son objetos nada desdeñables a la hora de irse a dormir. Se trata de pequeños estímulos que favorecerán nuestra intención y que actuarán como elementos persuasivos cuando el niño prefiera seguir jugando o, simplemente, cuando crea no estar tan cansado como para dormirse.

Los padres deben aprovechar estos recursos con habilidad y evitar, asimismo, generar una dependencia del niño con respecto a cualquiera de esos objetos. Se trata de que sean «cómplices», pero no son insustituibles no deben generar ansiedad al niño en el caso de que no pueda emplearlos una noche en la que duerma fuera de casa.

El sueño y el descanso, cosas de familia.

Por último, es fundamental que la familia mantenga unos hábitos de sueño sanos y correctos, ya que los niños se adaptarán a ese mismo ritmo con mayor facilidad. Resulta difícil convencer a nuestros hijos de la importancia del descanso si nosotros mismos no respetamos unas reglas claras y nítidas que podamos compartir con ellos.

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